Ed. Espasa, Barcelona, 2022.645 págs. |
Sobre el autor:
La novela
"(...) mi fascinación por Cuba resultó en una investigación del periodo clave de su historia en el que todo empezó a cambiar drásticamente y que desembocó, años después, en la abolición de la esclavitud y más tarde en la independencia de la querida colonia española (...) Uno de los pilares del libro es el tema de la esclavitud, que he tratado de forma que su crueldad se entienda, pero no se imponga sobre la trama. No he pretendido blanquearla y, como no podría ser de otra manera, me parece execrable en todas sus variantes. Todos los imperios que se han conocido, no solo el español, tendrán siempre esa mancha en su historia. La guerra de los Diez Años a la que se hace referencia, no consiguió la abolición de la esclavitud, pero allanó el camino para que en 1880 se aprobara y seis años más tarde se hiciera efectiva. La independencia, como sabemos, no se produjo hasta 1898. Desde entonces, los cubanos han pasado por gobiernos de diferente índole que culminaron con la desastrosa experiencia comunista que todos conocemos y conviene no olvidar. Como se dice: "Solo el comunismo podría lograr que en Cuba falte azúcar. Ojalá los cubanos vuelvan pronto al bienestar del que son merecedores" ( pág. 643).
Veintisiete capítulos y un epílogo conforman esta novela de ambición, poder, luchas entre clases sociales, esclavitud, dilemas morales, misterio, robos y asesinatos; con el trasfondo histórico referido más arriba y repartida entre los escenarios de Barcelona y distintas regiones de Cuba, en la segunda mitad del XIX, concretamente entre 1864 y 1881, un momento convulso tanto en la península como en la hasta entonces provincia española de ultramar.
Por un lado, dos familias de aristócratas barceloneses, los Abad y los Gorchs, con intereses territoriales y económicos en Cuba. Por otro, la joven Pepa, a quien la suerte de su bajo origen no ha tratado nada bien, ambiciosa y sin escrúpulos, que decide construirse una nueva identidad para trepar en la escala social a costa de quien y lo que sea. Ya en el capítulo 5, la vieja Crista, que cada noche de luna llena advertía con sus visiones a los conspiradores del valle de los arcángeles, profetiza:
"Viene alguien, es hija del mal y lo cambiará todo. No tardará en llegar, lo dicen las llamas, lo dice la tierra, lo dice el aire" (pág. 113).
En medio, los sirvientes, guardias, esclavos, cimarrones y demás habitantes del Valle de los Arcángeles, enclave de tres ingenios azucareros, próximo a Matanzas, Cuba. Unos y otros tejen la trama que se desarrollará en un doble viaje, físico -Barcelona-Cuba-Barcelona- y vital, que les transformará a todos. al tiempo que los lectores-espectadores vamos devorando las 645 páginas, subyugados hasta el final.
"Una historia que, con el telón de fondo de la profunda injusticia del sistema esclavista, los estertores del imperio español y la belleza de un paisaje paradisiaco, nos habla del abismo entre pobres y ricos, entre amos y esclavos, y del poder de las pasiones y de la ambición sin límites de una mujer que llegó para trastocarlo todo.
Una mujer nacida en el infierno y dispuesta a todo para vivir en el paraíso" (contraportada del libro).
Una lectura completamente recomendable. No hay ni un solo capítulo aburrido; la prosa es fluida; descripciones y diálogos están equilibrados en su justa medida. La sucesión de acontecimientos es dinámica. Quizás -y eso es algo muy personal- los más pesados para mí han sido los dedicados a relatar el reclutamiento, rearme y rebelión de los cimarrones, pero entiendo que es una parte necesaria para la trama.
Solo si tengo que ponerle algún "pero" sería el cabo suelto de la supuesta tisis de uno de los protagonistas, o el de las familias que quedan en Barcelona, a los que nunca más se vuelve a hacer referencia.
Otro tema -discutible, lo sé- sería la dicotomía, maniqueísmo incluso, entre personajes muy muy buenos -encabezados por Lucía, encarnación de la más pura bondad- y muy muy malos -con Pepa/Isabel Palau como la representante del mal en la Tierra-. O la transformación -para mí- un tanto forzada y artificial de esta última quien, durante su embarazo ha expresado su completa desafección hacia el ser que estaba engendrando y, a raíz del parto, es invadida por un halo de ternura y bondad:
"En la cama, apoyada en el cabezal, Isabel era una mujer nueva. Su piel resplandecía y su mirada turquesa era limpia, se había desprendido de la chispa de maldad que dejaba escapar su interior oscuro (...) Durante días, Isabel permaneció anestesiada del mundo, dedicada con todo su ser y todos sus pensamientos a aquella vida que había surgido de ella. Supo que antes de morir, cuando mirara hacia atrás, podría olvidar lo que su hija le hubiera dicho y lo que hubiera hecho, pero que jamás olvidaría lo que al nacer le había hecho sentir. Toda la ira con la que había empezado aquel día había desaparecido, arrasada por el amor de un momento único" (págs. 524-6).
Citas:
"Dios hizo el campo y el hombre la ciudad" (pág. 222).
"La vida son momentos. Y cortos. Hay que asumirla como tal. Son raros los momentos prolongados de total felicidad y también los de total tristeza. Para conseguir que ambos se alarguen en el tiempo, salvo en ocasiones muy extremas, uno tiene que esforzarse (...) siempre hay algún motivo para sonreír a lo largo del día, aunque sea solo un poco (...) La felicidad tampoco es completa mucho tiempo, esa es la verdad. Los humanos tenemos esa tendencia a sentirnos culpables cuando creemos que tenemos que estar tristes y no lo estamos, o no lo suficiente (...) Hay que luchar cada día para ser feliz aunque este maravilloso mundo nos lo ponga muchas veces difícil (...) Nunca esperes a que la vida deje de ser dura para decidir ser ser feliz " (pág. 320).
" Este ha sido un año nefasto, pero me resisto a decir que sea un año para olvidar. De los años malos se aprende mucho yt de los malos momentos se sale reforzado o no se sale (...) porque igual que de las grandes crisis salen los mejores poetas, debemos aprovechar el momento para mejorar y aprender (...) creo que la vida consentida ablanda el espíritu. Que una vida sin problemas, aunque todos la deseemos, no nos mejora como personas, sino al contrario. Sabéis lo que pasa cuando podamos un rosal, ¿no es así? Meses después de podarlo y dejar de él tan solo un feo palo con espinas, crece más alto, con un tronco más firme, y la rosa que florece es más hermosa y viene acompañada de otras dos o tres. También los árboles profundizan sus raíces tras las tormentas. Los problemas nos dan la posibilidad de fortalecernos y hacernos más firmes, como el rosal, como los árboles, pero también de acercarnos los unos a los otros, de mostrar nuestra caridad y nuestra solidaridad" (págs. 452-3).
"Tu mayor enemigo, igual que el de todos, son tus propios temores (...) Soy de la teoría de que si a un hombre le pides que haga más de lo que puede, lo hará; en cambio, si solo le pides lo que puede hacer, no hará nada (...) no existe el verdadero amor sin libertad" (pág. 551-2).
Temas
La esclavitud:
- "(...) en 1781 Saint-Domingue era la colonia más rica de Francia, tanto que se dice que junto con las otras colonias francesas del Caribe generaba un tercio de los ingresos de los galos (...) producía más de la mitad del azúcar del mundo (...) Pero he aquí que para producirlo, antes más que ahora, se necesitaban esclavos, y en la colonia había muchísimos. Muchos más que blancos, que, sin embargo, los dominaban con un sistema de castas tremebundo que les reservaba el peor trato posible. Que no digo que en Cuba no se trate mal a los esclavos, pero aquí la proporción de esclavos y libres es diferente. El asunto es que los esclavos se levantaron en una revolución sangrienta en la que no quedó cabeza francesa sin separar de su cuerpo... Un poco lo que los franceses estaban haciendo entre ellos en París por esas fechas, pero con cuchillos en vez de guillotinas. (...) la buena es que desde entonces copamos el mercado azucarero (...) La mala es que vivimos con miedo a que aquello pueda pasar aquí...
- "Al mirar por encima de él, vieron cómo se descargaba "el ébano". No hacía falta que nadie lo transportara, pues tenía piernas y brazos, y aunque se movía con torpeza, encadenado y con la cruel ayuda de una vara con la que azotaba al que se atrasaba, lo hacía sin que nadie tuviera que llevarlo sobre sus espaldas. El ébano estaba vivo y era la imagen de la desolación y la tristeza, de la crueldad humana y el menosprecio a la vida. Alicia no podía creer lo que pasaba ante sus ojos. A pesar de que el tráfico de esclavos estaba prohibido desde hacía más de cuarenta años, su aceptación tácita era tan evidente como para que un barco como aquel descargara sin demasiado celo y a plena luz del día. Había muchos hombres, algunas mujeres y también varios niños. Todos encadenados, todos derrotados y tristes, ninguno luchando contra aquella injusticia que clamaba al cielo" (pág. 225).
- "Muchos esclavos se resignarán: los kongo, los wólof, los fula... Pero los mandinga estarán enfurecidos, y los yoruba: si es cierto que los esclavos castigados son de su etnia, más aún" (pág. 404).
- "Los plantadores siempre se esforzaban en que sus esclavos tuvieran procedencias variadas. Por supuesto, todos deseaban esclavos africanos, pero intentaban que tuvieran religiones, etnias y costumbres diferentes y en que no formaran lazos demasiado estrechos entre ellos. En ocasiones, se beneficiaba a una de las etnias para provocar la envidia de las otras, o se arrebataba algo a unos para dárselo a otros. El motivo era obvio: mientras la negrada no formaba un grupo homogéneo sería más fácil de dominar. "Divide y vencerás", había dicho Julio César, y los plantadores había tomado buena nota" (pág. 469-70).
- ¿Existieron las granjas de esclavos? "A mediados de enero, todo estaba preparado para poner la granja en funcionamiento (...) En el recinto, veinticuatro mujeres y seis hombres, desnudos y anillados, esperaban sin entender cuál era su cometido (...) Estáis aquí porque sois los mejores. Los mejores cuerpos del ingenio, los que más pueden servir a su producción, que es lo único que nos debe importar a todos. En este espacio hermoso comeréis mejor que los demás y trabajaréis menos que vuestros hermanos porque lo que se produce aquí requiere de una habilidad diferente. Dentro de dos meses las veinticuatro negras que estáis aquí deberéis llevar un hijo en vuestro vientre. Cada negro deberá preñar a cuatro negras. Los que no cumplan con lo que deben, mujeres y hombres, volverán al campo. Las que no pongan todo su esfuerzo en quedar preñadas y los que no cubran a las hembras con suficiente frecuencia para que así sea serán castigados" (pág. 480-1).
Vocabulario:
- bozales: "así se llama a los esclavos apresados en lugar de origen, no nacidos en Cuba. Casi todos africanos" (pág. 218).
- bohío: choza o cabaña rústica de origen taíno, construida con materiales naturales como madera, ramas, cañas o paja y que, tradicionalmente, tiene solo una puerta como abertura.
- emancipados "son los esclavos del Gobierno. Los que llegan a Cuba ilegalmente y el Gobierno intercepta para alquilarlos durante algunos años hasta darles la libertad" (pág. 240).
- mandinga: grupo étnico de África occidental.
- bocabajos: "castigos con látigo que se habían propinado en las espaldas de los esclavos del valle hasta hacía algunos años y que aún eran norma general en los ingenios cubanos" (pág. 274).
- jutía conga: roedor grande y único en la fauna cubana, conocido por su pelaje grueso, cuerpo robusto y cola corta, que habita diversos ecosistemas (bosque, manglar) y es diurno, omnívoro y arborícola, alimentándose de frutos, hojas y cortezas, aunque a veces también de pequeños animales.
- culíes: término que se refiere históricamente a los trabajadores contratados, principalmente de origen chino e indio, que fueron transportados a diversos a países, especialmente en América y el Caribe, durante el siglo XIX para trabajar en condiciones de semiesclavitud. "Los chinos que han venido a trabajar a Cuba mueren mucho (...) es por su cultura. Por su cultura y el trato que les dan en los ingenios Los culíes, cuando se les castiga físicamente, lo ven con un dolor diferente a nosotros. Lo ven como una vejación. Se desmoronan moralmente. Muchos se suicidan. Además, son más débiles que los africanos (...) También han venido gallegos. Los ojiazules les llaman (...) los blancos siempre se han adaptado fatal a los cañaverales. Mueren de fiebre amarilla y de otras enfermedades que los negros ni huelen" (pág. 385).
- guarapo: jugo extraído al prensar la caña de azúcar.
- batey: asentamiento de viviendas en el ingenio

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