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| Ed. Lumen, Barcelona, 2022. 319 pág. |
Sobre la autora:
"En un edifico del barrio de La Latina, en el centro de Madrid, confluyen las vidas de tres mujeres. El pequeño piso interior de la cuarta planta es la casa de Oliva. Está atrapada en una peligrosa relación que ha transformado la pasión del inicio en una jaula. En el tercer piso, luminoso y exterior, pasa Damaris los días cuidando a los hijos de sus patrones. Cada noche regresa a su casa cruzando el río que divide social y económicamente la ciudad. Vino a España buscando un futuro mejor cuando un terremoto en Colombia truncó su vida. El mismo futuro que buscaba Horía, la mujer marroquí que llegó a Huelva para trabajar como temporera en los campos de fresas y ahora vive en la minúscula casa de la portería y limpia, en la sobra, las escaleras y el patio.Esta novela cuenta la vida de las tres mujeres, su pasado y el cerco de su presente. Con una voz hermoso y afilada, solo la prosa de Lara moreno podía cartografiar así un territorio y a quienes lo habitan, componiendo un retrato invisible, herido y valiente de la ciudad".
Novela dura, que nos hace sentir el drama y la soledad en medio de la gran urbe, a través de tres historias de mujeres -dos extranjeras, una española- tan crudas y reales como la vida misma.
Temas subyacentes como
- la inmigración y todo el contexto que subyace detrás y que les empuja a emprender una nueva vida, a riesgo de perderla en el intento;
- la precariedad y los abusos en sus trabajos de destino;
- la hipocresía de los que se aprovechan de él; las diferencias sociales a uno y otro lado del río, incluso dentro de un mismo bloque de vecinos, en función de si vives en el A o el B;
- y en el caso de Oliva, la española, el falso amor, el que atrapa, esclaviza, anula; el que se mantiene por las apariencias y el qué dirán; el enfermizo, el dependiente, el dañino, el violento, el "yonqui":
"Una yonqui. Me está destrozando, pero no soy capaz de dejarlo. Lo he intentado con todas mis fuerzas. Vengo aquí a que me ayudes a conseguirlo" (pág. 286).
En cuanto a la forma, lo que más llama la atención es el uso del tiempo presente, con el que intuyo que la autora quiere transmitir que lo que está contando no es algo del pasado, sino dramas que pueden estar ocurriendo ahora mismo en tu entorno más próximo. El otro rasgo formal que llama la atención es el estilo directo libre en los diálogos, omitiendo los guiones en las intervenciones de los personajes intervinientes y las acotaciones del narrador, aportando más realista y fluidez a la narración.
En ocasiones, especialmente en los momentos más tensos entre Oliva y Max, la transcripción de sus intercambios comunicativos es tan rápida y caótica, incluso, sin puntuación convencional que llega a ser lo que se llama un flujo de conciencia; en este caso, con la intención de incidir de lleno -sin las interferencias que supondría el uso de los "dijo" "contestó", etc. convencionales- en el dramatismo de la escena:
"(...) Max hace un movimiento con la barbilla, señalándole el móvil, que ella tiene encima de la mesa. Oliva lo coge, revisa sus mensajes. Hay uno de Max, escrito hace apenas unos segundos. Mi vida, ¿por qué no puedes mantenerme la mirad más de dos segundos? ¿Por qué me cuesta tanto que se crucen nuestras miradas? Están rodeados de amigos, la música sigue, pero Oliva le contesta a través del chat. Con tranquilidad, amansando a la fiera. Pero si no paro de mirarte. No, esto no es verdad. Estás mirando a Jota, no a mí. Lo noto perfectamente, confía en lo que te digo, es así: no eres capaz de mirarme a mí, solo a él. Max, de verdad, siento si estás notando eso, pero te estoy mirando como siempre, creo que te estás rayando con Jota sin motivo. No. No me invento nada. Lo has mirado a él mucho más que amí. Hazme caso. Solo quiero entender por qué. Contéstame. Dime algo. A los varios mensajes, ella contesta. No te puede decir nada más, porque creo que te estoy mirando como siempre, y que a Jota lo miro cuando habla, también como siempre, pero siento que te hayas rayado con eso. No te puedo decir más. ¿Y no puedes simplemente aceptarlo? ¿No puedes decirme por qué lo has hecho? te lo estoy diciendo en serio. Dime por qué lo has hecho, porque yo no me estoy inventando nada y tienes que hacerme caso. No me insistas más, de verdad, no estoy tonteando con Jota ni nada por el estilo, y es incómodo esto. Pues entonces mírame más. Y la incomodidad la has generado tú, por mirarlo a él mucho más que a mí. Me has evitado la mirada. Eso es lo que has hecho. Evitarme. No me enfado, solo quiero que lo aceptes. Asúmelo y dime por qué lo has hecho" (págs. 256-7)
En definitiva, una novela muy fácil de leer en cuanto a la forma, pero que te deja un nudo en el estómago, por la dureza del contenido y, consecuentemente, la sensación de rabia e impotencia que te deja.






